España, 1947

A mitad de los años 40, un muchacho nacido en Palma de Mallorca en 1931 se convirtió en uno de los símbolos del resurgimiento de la “nueva España”, siendo noticia obligada en el NO-DO.

Arturito Pomar, de quien se dijo que, de haber nacido en la Unión Soviética, habría sido un serio aspirante al título mundial de ajedrez. Otras fuentes dicen que simplemente era un chaval que jugaba bien al ajedrez, sin más, lo que ya era mucho en la España de Franco y motivo suficiente con el que emocionar a un país durante años. Ya se sabe eso que dicen de que “de ilusión también se vive”.

Mientras, en la gran pantalla triunfaban dos estrellas nacionales: Amparito Rivelles y Alfredo Mayo, protagonistas, entre otras, de Malvaloca.

Y en las calles, Eva Perón, que se paseaba por España en una gira que nada tenía que envidiar a las de los grandes artistas ya no de aquellos años sino de todos los tiempos. Era la puesta en escena de las relaciones hispanoargentinas de la época, en las que Argentina se saltaba las resoluciones de la ONU y abastecía a los españoles de los cereales y otros alimentos que tanto necesitaban.

Porque hambre se pasaba, y mucho. Y salvoconducto imprescindible para llevarse a la boca pequeñas cantidades de los productos de primera necesidad -aceite, azúcar amarillo, lentejas con chinches o habas con cucos, bacalao, garbanzos…- era la cartilla de racionamiento, una por familia, que se impuso desde 1939 hasta 1952.

Un modo de olvidar ese apetito insatisfecho era entretener la mente con lo que se tuviera más a mano. Por ejemplo, las radionovelas que llenaban los hogares a todas horas, siempre patrocinados por productos como el Linimento Sloan o el Cerebrino Mandrí. Por cierto, qué apropiada para la época la imagen autoritaria utilizada por la marca…

Eso sí, las radionovelas eran, predominantemente, cosa de mujeres. Los hombres recurrían, para engañar al hambre, a esos Ideales -popularmente denominados “Caldo”- de los que tantos paquetes tuve ocasión de ver cuando era un crío, olvidados en cualquier mesa o en los bolsillos de la americana de mi padre.

Y, cómo no, el otro recurso con el que olvidar las penas del estómago a falta de pan era el circo. Y el circo en España siempre se ha basado, además de en los toros, en la eterna rivalidad del país. Por supuesto, no hablo del enfrentamiento entre las dos españas políticas -máxime en unos años en que únicamente existía una España, grande y libre- sino de las futbolíticas.


Un pensamiento en “España, 1947

  1. habas con cucos, mi abuela me contó que tenia un tío que le llevaba la comida a un orfanato y las habas todas tenían cucos, me lo contaba con pena de lo miserable de aquella epoca

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s